¿MUTUO ACUERDO O CONTENCIOSO?

¿MUTUO ACUERDO O CONTENCIOSO?

Para comenzar, el término contencioso suena mal, salvo quizá para quien le guste discutir. Obviamente, implica que los cónyuges no están de acuerdo en los términos que desean para su divorcio express o separación matrimonial, bien porque piensen que uno de ellos pretenda aprovechar la situación para sacar ventaja, o bien porque sencillamente tienen de puntos de vista irreconciliables. Se propicia por tanto una situación de hostilidad entre las partes.

En este tipo de procesos ninguna de las partes suele quedar plenamente satisfecha, quedando finalmente un trasfondo de rencor acentuado, incluso para la parte que se dé por “vencedora”, y una relación intoxicada por los prolongados ecos del contencioso, lo que es importante cuando hay hijos por medio, como suele decirse.

Durante el divorcio contencioso cada uno procura su interés, siendo corriente sacar los trapos sucios de toda la convivencia.

Antes de iniciar un divorcio contencioso, es importante que se piense bien y se tenga en cuenta que es mucho más caro, mucho más largo, siempre mucho más penoso, y al final es posible que queden descontentas las dos partes. Hay ocasiones en las que no queda más remedio que recurrir a este procedimiento cuando no es posible el acuerdo, pero antes de recurrir a él a la ligera, es recomendable valorar el desgaste físico y psíquico que tiene para toda la familia (en muchas ocasiones no tiene precio).

Algunas personas, después de estar mucho tiempo con el divorcio contencioso, al final llegan a un divorcio de acuerdo por agotamiento, fijando los términos esenciales de su separación o divorcio. Todos estos términos de su divorcio serán recogidos en un documento firmado por ambas partes, que se denomina convenio regulador, en el que se determinan, entre otras cosas, las reglas de relación futura entre las partes respecto a aquellos vínculos que todavía les liguen a pesar del divorcio, como son los hijos menores y los bienes patrimoniales sin liquidar, por lo que es importante pensar bien dichas reglas para que faciliten la forzosa pervivencia de estos vínculos de la manera lo más pacífica y constructiva posible, pensando esencialmente en el bien de los hijos menores, pues al fin y al cabo, los adultos, mejor o peor, tienen la madurez necesaria para afrontar los avatares de la vida, mientras que los  menores necesitan toda la cordura que sus padres sean capaces de aportar.

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