HIJOS CHANTAJISTAS

HIJOS CHANTAJISTAS

 

A más de un lector de estas líneas le vendrán ejemplos a la mente de lo que a continuación vamos a tratar: hijos que se vuelven caprichosos, egoístas, que se aprovechan de las desavenencias de sus padres, ¿pero cómo se llega a este punto? ¿Qué repercusiones puede tener en el futuro? ¿Cómo evitarlo? ¿Qué hacer cuando el problema ya se ha presentado?

Este es un tema muy serio, como todos los que rodean a las rupturas matrimoniales, y un tema complejo. Hagamos un ejercicio de empatía, coloquémonos por un momento en la piel de ese niño que ve cómo se resquebraja la unidad familiar que a él le hace sentirse seguro y querido, ¿qué temores, qué dudas se pasarán por esa mente que no está preparada para entender los problemas de los mayores? De ahí la importancia de que los padres hagan todos los esfuerzos para hacerle comprender que siempre van a quererle, que hagan lo necesario para que el mundo del pequeño se vea lo menos alterado posible. Pero imaginemos que en el proceso de ruptura y los posteriores el niño percibe justo lo contrario. Los padres son libres para ir cada uno por su lado, pero si hacen lo mismo respecto a su hijo y éste percibe el egoísmo, puede que acabe haciendo lo mismo, ir por su lado.

Pero como decíamos, el tema es mucho más complejo, hacen falta más cosas para que una criatura se convierta en un tirano, y de hecho, este no es un fenómeno exclusivo de las rupturas matrimoniales, pero es cierto que si no se hacen bien las cosas, la ruptura puede generar factores que favorezcan dicho fenómeno.

Puede ocurrir que por un lado el cónyuge no custodio satisfaga fácilmente los caprichos del menor por miedo a perder su afecto, mientras que paralelamente, el cónyuge custodio sienta culpa porque la ruptura prive al menor de tiempo que compartir con el otro cónyuge, por lo que también acabe cediendo fácilmente a los caprichos del menor para tratar de compensarle. En definitiva, pueden darse condiciones favorables para que el menor explote los sentimientos de culpabilidad de sus padres, así como las desavenencias entre estos.

A estos problemas se suman los propios de la vida moderna, principalmente la falta de tiempo de los padres para atender a sus hijos, puesto que se ven obligados a trabajar muchas horas, y en muchos casos a pasar horas interminables en el transporte público, problemas agravados en muchas ocasiones por el deterioro de las condiciones económicas tras el divorcio, pues uno solo de los cónyuges ha de sostener las necesidades de un hogar. Esto hace que el cónyuge custodio sienta más culpa todavía, y más necesidad de compensar de alguna manera a los menores.

Otro factor importante es el error de tratar de alinear a los hijos en las disputas entre los padres, tratando cada uno de ponerlo de su lado.

En este consejo hemos presentado el problema, y en otros posteriores continuaremos tratando este problema desde más puntos de vista.

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