CRISIS DE VALORES Y DIVORCIO

CRISIS DE VALORES Y DIVORCIO:

Incluso en la sociedad más avanzada que imaginar cupiera se daría el fenómeno del divorcio, porque como todos sabemos, a veces las cosas sencillamente salen mal, o no son lo que pensábamos, ¿pero qué ocurre para que socialmente esté tan extendido?, ¿los elevados porcentajes de divorcio son “socialmente naturales”, o por el contrario son sintomáticos de que algo no funciona bien en esta sociedad?

El tema da para mucho. Nos inclinamos por pensar que algo no funciona bien, la sociedad está enferma. La enfermedad que padece se manifiesta en multitud de síntomas, que quizá podríamos tratar de resumir en palabras como superficialidad, individualismo mal entendido, insolidaridad, inmadurez, confusión de las cosas que realmente importan en la vida, por mencionar sólo algunos, y así seguiríamos con un casi inacabable etc., o pensándolo mejor, quizá esas palabras no sean más que algunos de los gérmenes que la infectan, y que los verdaderos síntomas sean la soledad, la marginalidad, las adicciones, el vacío en que se sume la existencia de infinidad de personas, su insatisfacción, su frustración en la persecución de fines vanos, y nuevamente un largo etc. casi inacabable, dentro del que se encuentra la magnitud social del divorcio.

La crisis de valores que hay en el fondo de la crisis económica que sufrimos es la misma de la que estamos hablando, pero no nos vamos a detener en estas líneas en hacer un análisis filosófico-sociológico exhaustivo. Lo que nos importa en este momento es señalar que la crisis de valores rampante desenfoca el prisma por el que las personas vemos el mundo y a nosotros mismos, haciéndonos tomar actitudes y decisiones que nos empobrecen como seres humanos, además de los sufrimientos que nos genera. En este punto llegamos al divorcio. Resumiendo y sin ánimo de generalizar, muchas personas llegan al matrimonio con cierta inmadurez emocional y para afrontar la vida, y para afrontar lo que es compartir un proyecto de convivencia y vida en común. Por eso, lo que recomendamos en esta ocasión es animar a todo aquel que lea estas palabras a encontrarse a sí mismo, en lugar de identificarse con un papel que representar en el gran teatro mundo, que valore a las personas por su bondad, por su capacidad de amar, por su estabilidad emocional y otros rasgos que son los que de verdad nos enriquecen, que se dé cuenta de que los mismos problemas y dudas que a él o a ella le afligen son comunes al común de los mortales, y que por lo tanto podemos entendernos sin sentirnos tan extraños, y sepa también que existe la posibilidad de encontrar a esa persona con la que compartir un hermoso futuro. Pero si en lugar de eso vivimos pensando más en los convencionalismos sociales, en los prejuicios del tipo según los cuales todos los hombres son unos golfos y todas las mujeres son malas, o si de verdad nos creemos que para ser un príncipe azul basta con tener buena fachada con la que impresionar, y que para ser una princesita lo mismo (el propio concepto “príncipe azul” o “princesita” denota a nuestro juicio cierta inmadurez en sí mismo), sin dedicar tiempo a conocer a las personas, incluso negando la posibilidad de dejarse conocer a bellas personas, o si no hacemos del respeto la guía de nuestra convivencia, que a nadie le sorprenda que haya tantos divorcios, además de otras muchas razones de esta y otra índole de las que continuaremos escribiendo en esta sección de Divorcieitor.

Divorcio sí, pero con respeto.

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