Problemática con los bienes hipotecados en casos de divorcio y separación

Problemática con los bienes hipotecados en casos de divorcio y separación:

 

 

Con independencia de a cuál de los cónyuges se le atribuya la titularidad y propiedad de un bien común hipotecado, adquirido inicialmente por ambos cónyuges, para el caso de que no se pague la hipoteca, el banco podrá reclamar las cantidades adeudadas a ambos cónyuges, y a los avalistas que garantizaron inicialmente al préstamo hipotecario, si los hubiera. El procedimiento para el caso de impago de la hipoteca, es el siguiente: – El banco, ejecutará la vivienda, sacándola a subasta pública. – Actualmente, las subastas se quedan desiertas por falta de postores interesados, debido a la crisis económica existente en nuestro país. – Para el supuesto de que nadie adquiera la vivienda en la subasta, el banco podrá adquirirla (como habitualmente hace), por el 60% del valor de tasación de subasta del bien, quedando así con la propiedad del bien inmueble, y quedando pendiente de pago una deuda por el valor restante (el resultado de restar a la deuda existente, el valor por el que el banco se ha adjudicado el bien inmueble). – La deuda restante, a la que acabamos de hacer referencia, podrá ser reclamada por la entidad bancaria, por vía civil ordinaria (como cualquier otro deudor), frente a los cónyuges que subscribieron inicialmente la hipoteca, y a los avalistas si los hubiera, hasta el cobro total de la misma. – Todas las cantidades, que le embarguen al cónyuge al que no se le hubiera adjudicado la propiedad de la vivienda (y que por tanto no debería haber hecho frente a estos pagos, puesto que le correspondería pagarlas al propietario culpable del impago y del inicio del procedimiento de ejecución), podrán ser reclamadas una vez embargadas, por vía judicial civil ordinaria, al otro cónyuge. Actualmente, este problema es desgraciadamente muy frecuente en nuestra sociedad, por lo que es conveniente tener en cuenta en el momento de la liquidación si va a ser posible, o no, sufragar la hipoteca que grava la vivienda por el cónyuge que adquiera la plena propiedad, ya que de lo contrario, y en el supuesto de impago de la misma, y cuyo valor no cubra en subasta la deuda existente, será exigido también al cónyuge no titular, así como a los posibles avalistas que se fijaron en el momento inicial de suscripción de la hipoteca. Por ello, es un error, pensar que adjudicándole la vivienda al otro cónyuge, se le adjudica también la hipoteca y la responsabilidad derivada de un posible impago de la misma.

El banco es un tercero al que no le afectan los cambios realizados en la titularidad del bien como consecuencia de la separación o divorcio de los cónyuges, ya que inicialmente ambos se obligación de mutuo acuerdo al pago de la misma, y el banco, no hará cesar esta garantía a no ser que se le ofrezca una garantía sustitutoria mayor, y el Banco acceda a hacer dicha sustitución en la responsabilidad por impago.